Villa Velutina

 

No fue nada fácil de encontrar ni de entrar a esta casa. Entre el pueblo pasa completamente desapercibida y ninguno se esperaba semejante categoría de lugar. 

Investigando por los muchos documentos que tenía la casa, entre cartas, revistas, postales y demás escritos de diferentes épocas, averiguamos que la propiedad perteneció a un terrateniente importante, del que seguramente heredaron pertenencias las siguientes generaciones. Había muchas postales y cartas desde Brasil y desde Alemania, lo que también nos indica que una parte de la familia tuvo que emigrar y quizás a día de hoy alguien siga por allí.. por que la casa esta sin habitar desde hace por lo menos veinte años.

Tiene signos evidentes de abandono y deterioro por el paso de los años. Las humedades están afectando a muchos techos y suelos de madera. Lo curioso y ya acostumbrados de verlo en muchos lugares, es como han dejado todas sus pertenencias, ropa, documentación y mobiliario valioso como es un piano de pared. 

Este piano que nos encontramos no era cualquier piano. Está firmado por un fabricante que trabajaba para la corte real de la región de Sajonia en Alemania, datado entre 1885 y 1915, época dorada de fabricación de pianos en Alemania. Tenía logrados tallados de madera y una robustez que no debía ser fácil moverlo. Encima, como también suele ser habitual, figuras religiosas, que en realidad estaban por toda la casa.

El título que le damos a este lugar viene dado por un tremendo nido de avispa asiática, más conocidas como velutinas (el nido ya no tenía actividad) en la esquina de la galería. La avispa ha elegido una galería preciosa para anidar, aunque a los dueños no les haría tanta gracia.


















































Villa murciélago


De camino a otra ubicación se me presentó esta bonita villa, con un jardín descuidado y alguna ventana rota. Automáticamente reduje la velocidad y aparqué prácticamente al lado. Cogí la mochila de la cámara y para adentro.

El acceso fue fácil, una de las ventanas de abajo estaba abierta y ya comprobé que verdaderamente estaba abandonada. Había un montón de cosas apiladas sin mucho sentido, como si algún día que nunca llegó todo aquello se fuera a sacar.

Había libros y revistas bastante antiguas pero lo mejor estaba en el piso de arriba. Unas escaleras con techos muy altos daban el acceso al piso superior. Y aquí viene el típico susto de un lugar abandonado. A medida que subía la escalera, con toda esa incertidumbre, un murciélago me pasó al lado de la cabeza, ese susto no te lo quita nadie. Una vez arriba flipé bastante con la cantidad de murciélagos que había volando por el pasillo y las habitaciones, incómodos por mi presencia, pero hasta que yo no viese y fotografiase lo que me gustase no iba a salir de allí, así que la exploración estuvo marcada por la presencia de estos mamíferos voladores.

En general la casa me gustó que no hubiese vandalismo, solo decadencia y el notable paso del tiempo, con parte de su mobiliario y algún detalle interesante.