martes, 11 de abril de 2017

La mansión de la vizcondesa


Quiero dedicar una mención especial a esta imponente mansión, conocida ya por muchos exploradores y no tan exploradores... desgraciadamente. Se trata de una vivienda de finales del siglo XIX construida por un emigrante de Brasil que consiguió una gran fortuna con una empresa farmacéutica, con remedios curativos innovadores en aquellos tiempos. Tras su llegada, fue otorgado como título de vizconde y tuvo una vida señorial hasta su muerte. Tuvo dos esposas y un legado de 11 hijos, de los cuales la mayoría hicieron su vida entre estos muros. Tras la muerte de su padre, ninguno quiso hacerse cargo de la vivienda, y así es como la casa cae en el abandono. Después de más de 30 años en el olvido, la propiedad está en manos de uno de los nietos que se niega a vender la finca a nadie ajeno de la familia.  
Adentrase en esta mansión fue como trasladarse al pasado, el ambiente que se respira al observar todo ese mobiliario es totalmente de otra época. Se compone de tres pisos de vivienda y un sótano. El último piso, usado como almacén, es quizás el más deteriorado de todos, por causa de un pequeño incendio en una de las estancias y con ello, numerosas filtraciones de agua en toda esa columna de vivienda. Aun así, guarda verdaderos tesoros, como estanterías llenas de libros, cuadernos de ortografía, cartas escritas a mano, revistas de moda de la época, todo ello de finales del siglo XIX y principios de siglo XX. En lo más alto, también esconde numerosos baúles llenos de ropa, mobiliario suelto o un antiguo telar que te deja aun mas sorprendido. Bajando ya al piso inferior, se encuentran las habitaciones principales. Con todo un elegante mobiliario de una familia noble, con grandes espejos y logrados acabados en todos los muebles. Bajando ya por su majestuosa escalera central al piso principal, encontramos el comedor, muy deteriorado por las filtraciones de agua, la cocina, con gran cantidad de utensilios de la época, más habitaciones que no dejan de sorprender, y un acceso a una colorida capilla pegada a la casa. Ante tanto aire de nobleza, quizás la habitación del piano sea la más espectacular de la casa, una estancia única que llama a cualquier fotógrafo de lo decadente. Con paredes de papel pintado, ya rasgado por el paso del tiempo, grandes cortinas, sillas tapizadas, un ruinoso piano lleno de partituras y un balancín con forma de caballo, decapitado por algún sinvergüenza. Por si fuera poco, el oscuro sótano guarda la guinda de esta mansión, además de una gran cantidad de antigüedades, hay guardado un carruaje de caballos, el vehículo de aquellos años. Todo un auténtico museo.

Como ya comente al principio, en los últimos años se ha convertido en un lugar con frecuentes visitas de gente de bien y de mal, los muebles no se mueven por si solos ni los objetos desaparecen por arte de magia. Ojala solo el paso del tiempo sea el que deteriore esta mansión y pueda volver en otra ocasión para apreciar los mismos sentimientos.






















































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Adjunto aquí una foto de época de la vivienda.






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